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Donde Reina Dios, No Reina el Pecado
Estos 3 versos (v.12-14) resumen el argumento anterior (v.1-11), dígase que aquellos que hemos recibido la gracia de ser sido unidos a Cristo por medio de la fe, NO continuaremos en el pecado, porque el Rey "pecado" fue destruido y dominado por el gran Rey Dios cuando Cristo Jesús fue resucitado de entre los muertes al tercer (3) día.
2 Reyes y 1 Reino
El escritor indica que en esencia hay dos (2) Reyes y un (1) Reino. El primer Rey es el Pecado que reina en iniquidad, y el segundo es Dios que reina en justicia, y el reino es los miembros de nuestros cuerpos.
La guerra empezó en el Jardín del Edén con el pecado de Adán y por el pecado se introdujo la muerte al mundo. Luego vino la Ley y a causa de la maldad del corazón del hombre, el pecado abundó mucho más y se fortaleció. Pero, la gran batalla esperada tuvo lugar en la cruz. El pecado atacó primero matando al Hijo de Dios. Todo parecía como victoria para las tinieblas, mas no falló el diseño de Dios, porque al tercer (3) día, la extraordinaria grandeza de Su poder obró en Cristo Jesús resucitándole de entre los muertos. Y Dios sentó al Hijo a su diestra muy por encima de todo principado, autoridad, poder y de todo nombre que se nombra. Y le fue dado dominio eterno que nunca pasará, gloria y un reino que jamás será destruido.
Santificación
Habiendo obtenido victoria eterna en Cristo, el pecado no reina en nuestros cuerpos, sino que reina Cristo. Por tanto, no presentemos los miembros de nuestros cuerpos al pecado como instrumentos de iniquidad, sino a Dios como vivos entre los muertos y como instrumentos de justicia.
El énfasis de estos imperativos indica que la victoria es segura y es nuestra, pero que no ha terminado. El golpe definitivo de derrota de guerra ya ha sido dado al pecado, pero queda aun que la victoria sea manifestada en nuestras vidas. Esta batalla pendiente y continua se llama santificación. Y nuestra labor es, “puestos los ojos” en la victoria de Cristo, presentarnos a Dios como instrumentos de justicia.
No estamos bajo la Ley sino bajo la Gracia
La garantía de nuestro éxito en la santificación es la obra victoriosa de Cristo en la cruz. El pecado no tendrá dominio sobre nosotros, porque la obra victoriosa de Cristo nos ha cambiado de juez, de La Ley a la Gracia. Bajo la ley somos juzgados por nuestras obras y somos juzgados y declarados culpables, pero que glorioso que bajo la gracia somos juzgados, no por mis obras injustas, sino por las obras justas de otro, esto es Cristo, y somos declarados "bienaventurados" (Rom. 4:8).
El Apóstol Pablo ha demostrado que su evangelio es el mismo evangelio que aquel que Moisés dejó escrito en el Pentateuco. Porque la frase "bajo la ley", hace referencia histórica a los judíos que recibieron la ley en Sinaí y ellos fueron ejemplo de que "por las obras de la ley ningún ser humano será justificado" (Rom. 3:19-20). Mas la frase "bajo la gracia", se refiere a todo aquel como Abraham que cree y le es contado por justicia, gracias a la obra victoriosa de aquel que habría de venir y vencer, esto es, Cristo.