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No es la Ley sino el Pecado: Una Ley con Proposito
En el párrafo anterior se dio respuesta a la pregunta, ¿es pecado la ley? diciendo, ¡no jamás! Al contrario, por medio de la ley Dios nos da a conocer mas de Su voluntad mostrándonos lo que es bueno y lo que es malo, pero el pecado se aprovecha del mandamiento, nos engaña y nos mata.
La pregunta que inicia nuestro versículo cuestiona el propósito de los mandamientos de Dios. Es decir, ¿para qué entonces Dios nos da sus mandamientos (lo que es "bueno"), si es causa de muerte en nosotros? En este versículo el Apóstol nos dice que Dios nos da sus mandamientos con un doble propósito:
Una Ley con Propósito
Dios nos da sus mandamientos primero para mostrar claramente la real condición del corazón humano y segundo, para dejar un testigo fiel de esa realidad.
1. Propósito #1: Para mostrar claramente la real condición del corazón humano. Nuestro mayor problema es el pecado que mora en nosotros y la Ley fue dada por Dios con el propósito de hacer evidente esa realidad. El pecado permea tan profundo nuestros corazones que somos rebeldes al poder y la deidad que de Dios es revelada en el Universo (Rom. 1:18-32; Gen. 3:1-15; 6:5; 13:13; 18:20) Y de manera hipócrita condenamos en otros las mismas cosas que nosotros practicamos (Rom. 2:1-2). Luego Dios en su bondad es paciente en llamarnos al arrepentimiento y le repudiamos (Rom. 2:3-5; Gen 6:3-5 & 2 Pedro 2:5; Jer. 31:32). También nos da a conocer claramente sus mandamientos y en vez de obedecerle, a causa del pecado que mora en nosotros y por medio de lo que es "bueno", nos rebelamos con pecado extremamente pecaminoso. De esa manera amontonamos más condenación y demostramos claramente lo que hay en nosotros, PECADO.
2. Propósito #2: Dejar un testigo fiel de esa realidad. La evidencia encontra nuestra es sobreabundante, pero Dios en su paciencia no se ha cansado de decirnos que somos pecadores y que necesitamos arrepentimiento. Como ejemplo de esto tenemos la historia de Israel, pues Dios les dejó escrito fiel testigo en tablas de piedra a un pueblo incrédulo que prefirió NO tener comunión intima con El, pues así quiso su malvado corazón (Deut. 5:29).