
|
|
||||||
|
|
| ||||
|
|
||||||
|
|
| ||||
|
|
||||||
|
|
| ||||
|
|
||||||
|
|
| ||||
|
|
||||||
|
|
| ||||
|
|
||||||
|
|
| ||||
|
|
||||||
|
|
| ||||
|
|
||||||
|
|
| ||||
|
|
||||||
|
|
| ||||
|
|
||||||
|
|
| ||||
|
|
||||||
|
|
| ||||
|
|
||||||
|
|
| ||||
|
|
||||||
|
|
| ||||
|
|
||||||
Siervos de Dios y del Pecado
El capítulo 6 y 7 de Romanos enseña que un verdadero cristiano, uno que anda en novedad de vida y que vive bajo la gracia, no continua en el pecado, sino que lucha y vence sobre el dominio del pecado, porque en Cristo fuimos crucificados y resucitados juntamente con él. ¿Por qué la necesidad de ser crucificado? Porque la Ley demanda al pecador a pagar con su vida a causa de su pecado (Rom. 6:23). Entonces, la muerte de Cristo nos libera de la condenación de la Ley y del dominio del pecado.
Esta situación da la impresión que el pecado y la Ley son los agentes malvados, porque trabajan juntos para nuestro mal. El escritor ha tomado desde el versículo 7 hasta el verso 25 para demostrar que la Ley es buena y que el real problema es solo que aun hay pecado que mora en mi.
Busca y Encuentra las dos Leyes
El Apóstol Pablo encontró algo muy real en su vida. Encontró dos leyes: La primera dice que el tiene un deseo interior que anhela obedecer a Dios, esto proviene del Espíritu (Rom. 6:5; 7:6). La segunda dice que hay una guerra en su cuerpo, porque su carne anhela todo lo contrario, anhela vivir de espaldas a Dios, y esto proviene del pecado que aun mora ahí.
Nosotros también debemos buscar, porque aquel que no tiene el Espíritu de Dios no encontrará estas dos leyes, solo encontrará una ley (Rom. 8:6-8). Identificar esta guerra en nosotros es una evidencia de nueva vida que nos ayuda a seguir luchando.
¿Dónde buscamos? El Apostol dice, "en mis miembros" refiriendose a este cuerpo en que vivimos (emociones, intelecto y voluntad). Este cuerpo en que vivimos es un campo de batalla en donde el pecado que aún mora allí pretende deshacer la liberación que Jesucristo hizo por nosotros en la cruz.
Miserable de mi...
La conclusión es que hay una lucha constante donde por un lado mi mente, mis deseos, mi hombre interior sirven a Dios y por el otro lado mi carne, mis deseos, mis miembros, sirven al pecado. Esta lucha existe en todo aquel que es guiado por el Espíritu de Dios y no terminará hasta que no seamos separados de este cuerpo de muerte.
¡Miserable de mí! No tan solo duermo con el enemigo, vivo con el enemigo. ¡Miserable de mí! El pecado mora en mí. ¡Miserable de mi! ¿Quién me libertará?
Gracias a Dios, Jesucristo!
Tenemos una esperanza viva de seguir guerreando con el pecado y no desmayar. Porque la muerte de Jesús en el calvario y su resurrección de los muertos garantiza la victoria suprema y la libertad absoluta para todo aquel que con Cristo fue juntamente crucificado. ¡Gracias a Dios! ¡Gloria a Dios! ¡Exaltado y alabado sea el nombre de Jesucristo!
NOTAS.-
v.21 - El texto griego en el 21b corresponde al la traducción al español del 21a. Y el texto griego del 21a correponde a la traducción al español del 21b.
25a El texto griego tiene la palabra 'de' traducida regularmente como "pero", aunque las traducciones en general no la incluyen.